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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Diario Quebrada

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Bancos deben canjear billetes deteriorados a cualquier persona, incluso sin cuenta en la entidad

El Banco Central recordó las condiciones que obligan a las entidades minoristas a aceptar el cambio de billetes manchados, rotos o quemados, y abrió la puerta a reclamos formales cuando el servicio se niegue sin motivo

WG
Walter GuanucoMinería y Puna · · 3 min de lectura
Bancos deben canjear billetes deteriorados a cualquier persona, incluso sin cuenta en la entidad

El Banco Central de la República Argentina volvió a poner sobre la mesa una normativa que muchos usuarios han dejado en el olvido: los bancos minoristas están obligados a canjear billetes deteriorados a quien se acerque a la ventanilla, más allá de que sea cliente o no de la entidad donde reclama el cambio, en el marco de las reglas de circulación monetaria que rigen desde hace años y que, como tantas otras disposiciones, rara vez se difunden con la insistencia que el tema merece.

La aclaración no es menor, porque a lo largo de los años se multiplicaron los casos de personas que llegan a una sucursal con un billete roto, quemado o sucio y escuchan como respuesta un no rotundo, sin más explicación que la negativa del cajero o el argumento, ya caduco, de que sin cuenta abierta no hay forma de validar la operación; sin embargo, la Sección 3 de Circulación Monetaria del organismo monetario es clara al establecer que la atención debe brindarse a cualquier persona que se presente en el horario habitual de atención al público.

Cuándo se puede pedir el cambio

Un billete deteriorado es aquel que por el uso se encuentra roto, perforado, manchado, descolorido, sucio, quemado o dañado de forma involuntaria, y la condición central para que el banco deba aceptarlo es que conserve al menos el 60% de su superficie original respecto del ejemplar íntegro, un umbral que, como suele ocurrir con los porcentajes, deja afuera muchos casos del limbo de la indefinición y exige a las entidades una lectura cuidadosa de cada pieza que llega a la ventanilla.

Cuando el billete está partido en varios pedazos, además, todos los fragmentos deben pertenecer con total evidencia a un mismo ejemplar para que el canje proceda, un requisito pensado para evitar fraudes pero que, en los hechos, muchas veces termina siendo la excusa que las sucursales esgrimen para rehusarse a cambiar un billete que, a simple vista, cumple con los requisitos básicos.

Qué pasa cuando hay dudas

En los casos donde el deterioro impide determinar con certeza el valor o la denominación del billete, los bancos pueden remitirlo al Banco Central para un análisis técnico, previa consulta al organismo, y deben acompañarlo de una nota con membrete y por duplicado en la que se indique la fecha de presentación, la numeración si es posible, la denominación y la suma estimada; una vez procesados, los billetes recibidos por las entidades terminan depositados en el organismo, completando un circuito que, en teoría, debería cerrar sin sobresaltos pero que en la práctica suele quedar a mitad de camino por la resistencia del personal de las sucursales a iniciar un trámite que consideran engorroso.

Cómo reclamar si te niegan el cambio

  • Si el banco rechaza el canje en condiciones que la normativa considera válidas, el cliente puede presentar un reclamo a través de los formularios web habilitados por el Banco Central, sin necesidad de acercarse a una oficina ni de acreditar vínculo alguno con la entidad, en un gesto que busca equilibrar la asimetría de poder que hasta hoy favoreció a las sucursales.
  • El trámite se completa con los datos del billete rechazado, la fecha y la sucursal donde ocurrió el hecho, y la respuesta del organismo suele llegar en plazos razonables, aunque no siempre con la rapidez que el usuario espera cuando necesita el dinero para cubrir un gasto inmediato.
  • La normativa recuerda además que el servicio no puede ser suspendido por decisión del banco, lo que cierra la puerta a cualquier intento de las entidades de eludir la obligación aduciendo falta de personal, problemas internos o cualquier otro pretexto operativo.

La pregunta que sobrevuela la cuestión, y que el propio organismo monetario parece formular con la insistencia de quien ya ha escuchado demasiadas excusas, es si los bancos están dispuestos a cumplir con una norma que llevan años mirando de reojo: mientras la respuesta siga dependiendo de la buena voluntad del cajero del mostrador, el derecho del usuario a recuperar su dinero seguirá siendo, en los hechos, una promesa a medias que recién se convierte en realidad cuando alguien decide hacer el reclamo.

WG
Walter GuanucoMinería y Puna

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