Azcuénaga, el pueblo de los diez restaurantes: una escapada con sabor a campo a cien kilómetros de Buenos Aires
A poco más de cien kilómetros hacia el noroeste de la ciudad de Buenos Aires, la localidad bonaerense de Azcuénaga reúne una decena de propuestas gastronómicas, alojamientos en construcciones centenarias y caminatas por caminos rurales donde todavía se cruzan liebres, vizcachas y lechuzas. Periodista Micaela Llampa, sección Turismo y ambiente.

A poco más de cien kilómetros hacia el noroeste de la ciudad de Buenos Aires, y a unos doscientos metros sobre el nivel del mar en plena llanura pampeana, la localidad de Azcuénaga se presenta como un destino breve pero denso para quien busque combinar mesa, arquitectura y aire de campo en una sola jornada. Se trata de un pueblo de aproximadamente 350 habitantes que conserva edificaciones de principios del siglo XX, caminos rurales donde todavía es posible cruzarse con liebres, vizcachas y lechuzas, y una concentración gastronómica inusual para su tamaño.
Diez mesas para planificar el domingo
El primer paso para organizar la visita es, según la oferta local, asegurarse un lugar para almorzar. Azcuénaga reúne diez restaurantes, la mayoría de los cuales abre los fines de semana y exige reserva previa, con mayor motivo los domingos. La propuesta es variada: hay parrilla, pastas, cocina italiana, cocina francesa y opciones de mariscos.
- Almacén C&T: carnes y picadas en la antigua Casa Terren, construida en 1912 y recuperada por la familia Coarasa.
- La Porteña: pastas y osobuco con risotto de calabaza.
- Lo de Grace: parrilla y pasta libre en una edificación rodeada de campo.
- Cucina de Santo: pastas y mariscos.
- Le Four: cocina francesa a cargo de la cocinera Vanesa Plaza, con platos como cordero con ciruelas.
- La Posta y Silvestre: dos paradas que completan parte del circuito gastronómico local.
- Buffet del Club Recreativo Apolo: a cargo de Marcelo Santander y Marcela Ronco, sirve ravioles caseros y milanesas y funciona como opción entre semana.
Dónde dormir: de una fonda de 1903 a cabañas con pileta
Para quienes prefieran quedarse a dormir, la oferta combina edificios históricos con alojamiento rural. La Piamonte incorporó habitaciones en el edificio que ocupaba la Fonda de Sforzini, de 1903, ubicada frente a la antigua estación ferroviaria. La Magnolia funciona en una casona de perfil rural, Rancho Aparte ofrece cabañas con pileta y El Nido suma otra alternativa para pasar la noche. Algo más alejados del casco se encuentran Los Vagones de Areco, otra opción dentro del partido.
Pueblo, campo y dos paradas con historia
El recorrido a pie por Azcuénaga permite conocer las construcciones centenarias y, en pocas manzanas, salir al campo abierto. Por los caminos rurales circulan bicicletas y motos, aunque el estado del terreno varía con el clima: después de las lluvias aparece el barro, mientras que en los días secos la transitabilidad mejora. Entre los puntos de interés del pueblo se destaca La Moderna, panadería fundada en 1917 donde Laura González y sus hijas elaboran galleta de campo en horno a leña. A pocas cuadras se levanta la capilla Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1907 y abierta por Ramona Lescano los fines de semana.
Información práctica para el viajero
- Distancia desde San Salvador de Jujuy: Azcuénaga se ubica a unos 1.400 kilómetros, por lo que conviene planificar el viaje con tiempo o combinar la escapada desde Buenos Aires, de donde dista unos 100 kilómetros.
- Cómo llegar: desde la ciudad de Buenos Aires se toma la ruta nacional 8 o la ruta nacional 9 hacia el norte y luego los accesos provinciales hacia el partido de San Andrés de Giles, en la provincia de Buenos Aires.
- Cuándo ir: fines de semana, idealmente sábado, para evitar la saturación de los domingos en los restaurantes.
- Reservas: indispensables en los diez restaurantes durante sábado y domingo; consultar también en La Piamonte, La Magnolia, Rancho Aparte, El Nido y Los Vagones de Arejo.
- Dónde almorzar entre semana: buffet del Club Recreativo Apolo, con ravioles caseros y milanesas.
- Qué llevar: ropa cómoda para caminar, calzado apto para barro en días de lluvia, binoculares para avistar fauna y cámara fotográfica para registrar las construcciones centenarias.
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