"Aunque sé que es falso, me dio vergüenza": el caso de Lomas de Zamora que expone la fragilidad de las adolescencias frente a la inteligencia artificial
Cuatro menores son investigados por crear y distribuir imágenes sexuales falsas de compañeras de un colegio secundario. Las víctimas relataron asco, miedo y sensación de vulnerabilidad. La Justicia ordena medidas y la comunidad educativa reabre el debate sobre el daño psicológico real de un material que, pese a ser manipulado, hiere.

A Malena, como tantas pibas de su edad, le gustaba subir fotos a sus redes. No pensaba que esas imágenes, tomadas de perfiles públicos, iban a terminar convertidas en material sexual falso generado con inteligencia artificial y distribuido entre compañeros de su propio colegio en Lomas de Zamora. Cuando se enteró de lo que habían hecho cuatro alumnos de la misma institución, la primera reacción fue una mezcla de asco, miedo y una vergüenza que ella misma reconoce como paradojal: sabía que la imagen era falsa, y sin embargo le dio vergüenza. Esa frase, "aunque sé que es falso, me da vergüenza", se volvió el resumen más crudo de un fenómeno que la Justicia argentina empieza a mirar de cerca y que las familias todavía no terminan de dimensionar.
La causa tramita en los tribunales de Lomas de Zamora como producción y distribución de material de abuso sexual infantil, conocido por la sigla MASI, y tiene como imputados a cuatro menores de edad. En las últimas semanas se realizaron allanamientos en el marco de la investigación y se ordenó el cese de hostigamiento, además de medidas para evitar cualquier tipo de contacto entre las víctimas y los señalados como responsables. Los adolescentes involucrados pasaron a cumplir sus estudios en modalidad virtual, mientras la escuela intenta reconstruir un clima escolar que quedó profundamente alterado.
El daño que no se borra con saber que es falso
Lo que más llama la atención del caso es justamente lo que las propias víctimas cuentan sobre lo que sintieron. Una de las adolescentes le dijo a su entorno que tardó en hablar con sus padres porque no quería que la vieran "así", aun siendo consciente de que las imágenes habían sido manipuladas. Otra expresó un miedo más amplio, difícil de acotar: "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo". Esa incertidumbre, la de no poder medir el alcance de lo que se distribuyó en grupos digitales y plataformas de mensajería, parece haber sido tan dañina como la existencia misma del material.
“Aunque sé que es falso, me dio vergüenza.”Una de las alumnas afectadas, en su testimonio sobre el caso
El episodio dejó al descubierto un patrón que se repite: las fotografías de origen eran robadas de perfiles abiertos en redes sociales, lo que vuelve a poner sobre la mesa el riesgo concreto del material que los adolescentes comparten en línea sin pensar demasiado en quién puede estar recolectándolo. Una vez capturadas, las imágenes eran alteradas con herramientas de inteligencia artificial y vueltas a circular en grupos cerrados, con indicios de que también llegaron a servicios de mensajería masiva.
La respuesta del colegio y la protesta de las propias estudiantes
Cuando las víctimas advirtieron lo que estaba pasando, acudieron al colegio. Sintieron, según relataron, que la respuesta institucional fue tardía y, en los primeros momentos, insuficiente. Recién más adelante las autoridades organizaron jornadas de diálogo y se tomaron medidas concretas con los menores investigados. Mientras tanto, la bronca fue creciendo y terminó de desbordar en una protesta que encabezaron las propias alumnas, con adhesiones de estudiantes de otros cursos y de familias, frente al establecimiento. Los videos de la manifestación se viralizaron en redes y trajeron testimonios de jóvenes de otras escuelas que dijeron haber pasado por situaciones parecidas.
Qué se pregunta ahora la comunidad educativa
- Qué hacer cuando un adolescente descubre que circula una imagen manipulada con su rostro: a quién acudir dentro de la escuela y cómo preservar la prueba para una eventual denuncia.
- Cómo configurar la privacidad de las redes sociales de los chicos para reducir el riesgo de que sus fotos sean tomadas como sin consentimiento.
- De qué manera acompañar emocionalmente a la víctima cuando el daño principal no es físico sino psicológico: vergüenza, miedo, sensación de vulnerabilidad y desconfianza hacia los pares.
- Qué rol pueden jugar los equipos de orientación y los gabinetes psicopedagógicos frente a casos de MASI entre compañeros, donde la Justicia tiene límites por la edad de los imputados.
- Por qué el daño persiste aun cuando la víctima sabe que la imagen es falsa, un punto que obliga a repensar la conversación sobre inteligencia artificial, consentimiento y salud mental adolescente.
Lo que la comunidad educativa de Lomas de Zamora le viene reclamando, y lo que ahora también otras escuelas repiten como eco, es que haya protocolos claros, rápidos y no revictimizantes, y que el Estado, a través de la Justicia y de los organismos de protección de menores, actúe con la misma velocidad con la que circulan las imágenes. Porque, como quedó dicho por una de las pibas afectadas, el problema no es solo que la foto sea falsa: es que saberlo no alcanza para que deje de doler.
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