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Aftas bucales: por qué aparecen, cuándo se van solas y en qué momentos conviene no quedarse esperando

Las llagas en la boca son una de las molestias más comunes y, en general, desaparecen sin tratamiento. Repetirlas, agrandarlas o verlas junto con otros malestares puede ser la pista de un problema de fondo que pide consulta médica.

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Noelia SajamaComunidades y territorio · 8 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Yo conozco a Marta, una vecina del barrio de Caballito que cada tanto se queja de una lastimadura en la encía y le echa la culpa al café caliente o al cepillado fuerte. Como a ella, a muchísima gente le aparecen aftas en algún momento del año: son lesiones frecuentes que, en la mayoría de los casos, se resuelven solas en una o dos semanas y no dejan marca en la mucosa. Pero cuando se repiten, crecen más de lo habitual o vienen acompañadas de síntomas en otras partes del cuerpo, pueden estar avisando que algo más profundo está pasando y conviene consultar.

Qué son y dónde aparecen

Las aftas, también llamadas úlceras bucales, se forman en la cara interna de las mejillas, debajo o encima de la lengua, en las encías, en el interior de los labios o en el paladar blando. Suelen verse como una lesión con centro blanquecino, gris o amarillento rodeada de un borde rojizo, y a veces están precedidas por ardor u hormigueo. A diferencia del herpes labial, no aparecen en la parte externa de los labios y no se contagian de persona a persona.

Los tres tamaños que pueden tener

  • Aftas menores: son las más comunes, pequeñas, redondeadas y poco profundas. Cicatrizan en una o dos semanas sin dejar rastro.
  • Aftas mayores: más grandes, más profundas y dolorosas. Pueden tardar hasta seis semanas en cerrarse y en algunos casos dejan cicatriz.
  • Aftas herpetiformes: un conjunto de ulceraciones diminutas, a veces decenas, que tienden a agruparse en una zona.

Entre los desencadenantes más documentados están los traumatismos locales, es decir, morderse la mejilla, un cepillado agresivo, el roce con aparatos de ortodoncia o con una prótesis mal ajustada y las quemaduras con alimentos muy calientes. También influyen el estrés, el cansancio y los cambios hormonales asociados a la menstruación o al embarazo.

Qué dice la evidencia sobre alimentación y defensas

La alimentación y el estado nutricional tienen un papel relevante. Las carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D aparecen entre los factores relacionados. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas recurrentes tenían con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina. Los autores aclararon que esa asociación no implica una causa directa y que en algunos indicadores la evidencia disponible sigue siendo limitada.

Cuándo conviene no quedarse en casa

Cuando las lesiones son múltiples o reaparecen con frecuencia, la explicación puede estar en una condición de fondo, es decir, una enfermedad subyacente. Entre las asociadas se cuentan celiaquía, enfermedad de Crohn, lupus, enfermedad de Behçet, artritis reactiva, infecciones virales, bacterianas o fúngicas y estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH/sida. La consulta con el médico no debería postergarse cuando la llaga persiste más de dos o tres semanas, cuando crece de manera inusual, cuando se repite varias veces al año o cuando aparece junto con fiebre, diarrea, dolor articular, pérdida de peso o lesiones en otras mucosas. Para Marta y para cualquiera que las padezca, la regla práctica es clara: si la afta no se va, vuelve demasiado o viene acompañada de otros malestares, lo que pide el cuerpo es una consulta con el profesional de cabecera, dermatólogo o especialista en clínica médica, y un análisis que descarte o confirme un déficit nutricional o una enfermedad de base.

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Noelia SajamaComunidades y territorio

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