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A un cuarto de siglo del 11-S: cómo se transformaron los controles aéreos y qué debe saber hoy el pasajero que sale desde Argentina

Los atentados de septiembre de 2001 redefinieron la seguridad en los aeropuertos de todo el mundo. Escáneres corporales, límites para líquidos, revisión de calzado y cabinas reforzadas forman parte del ritual cotidiano de cualquier vuelo. Repaso de las reglas vigentes y de los tiempos recomendados para no llevarse sorpresas en el control.

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Micaela LlampaTurismo y ambiente · 11 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Desde la Redacción de Turismo y Ambiente – A unos mil cuatrocientos kilómetros al noroeste de San Salvador de Jujuy, en el paralelo 24 sur y a casi mil doscientos metros sobre el nivel del Río de la Plata, el periodista describe lo que ocurre en una sala de preembarque promedio, donde una mujer mayor saca con dificultad sus líquidos en una bolsa transparente, un hombre de unos cincuenta años se quita los botines de trekking y un adolescente mira con fastidio cómo le hacen abrir la mochila para volver a escanear la notebook. Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, esas escenas se repiten en casi todos los aeropuertos del planeta, y muy pocos pasajeros recuerdan que la mayoría de esas reglas nacieron como consecuencia directa de lo ocurrido aquella mañana en Nueva York, Washington y Pensilvania.

El punto de inflexión y la creación de la TSA

El cambio más visible fue la creación, en noviembre de 2001, de la Administración de Seguridad del Transporte de Estados Unidos, conocida por su sigla en inglés TSA, que reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces se encargaban de los controles en los aeropuertos norteamericanos y dio lugar a un cuerpo de inspectores federales con estándares únicos. Su modelo se extendió luego, con variaciones, a buena parte del mundo, y la huella de aquellos atentados sigue presente en cada arco detector de metales y en cada cabina de rayos equis por la que pasan los equipajes de mano.

Dos episodios que terminaron de moldear los controles

Dos hechos posteriores terminaron de ajustar el protocolo que hoy se aplica en la práctica cotidiana. En primer lugar, el intento de un pasajero de detonar explosivos ocultos en el calzado durante un vuelo interno en Estados Unidos motivó la obligatoriedad, vigente durante años, de quitarse los zapatos antes de pasar el escáner; en la actualidad, muchos aeropuertos internacionales exigen retirarlos cuando se trata de calzado voluminoso, como botas o zapatillas de trekking con suela gruesa. En segundo lugar, en 2006 fue desbaratado un plan para detonar explosivos líquidos en vuelos entre el Reino Unido y Estados Unidos, lo que derivó en la conocida norma de los cien mililitros, una restricción que, casi dos décadas más tarde, sigue plenamente vigente.

Las reglas que el pasajero debe tener claras

El periodista, que ha cubierto la evolución de los controles aéreos en distintas terminales de la región, repasa a continuación las pautas centrales que rigen en la mayor parte de los aeropuertos internacionales, con especial atención a las que más suelen complicar a los viajeros argentinos:

  • Líquidos, geles y aerosoles en el equipaje de mano: se permite un máximo total de un litro, distribuido en envases individuales de hasta cien mililitros cada uno, contenidos en una bolsa de plástico transparente, con cierre y de tamaño apto para pasar por el escáner.
  • Dispositivos electrónicos: las notebooks, las tablets y, según el aeropuerto, los teléfonos de mayor tamaño deben retirarse de la mochila y colocarse en una bandeja aparte para su escaneado individual.
  • Calzado voluminoso: en muchos controles internacionales se solicita retirar botas, botines de trekking o zapatillas de caña alta antes de pasar por el arco detector.
  • Objetos punzantes: las tijeras, los cortaúñas largos, los cuchillos pequeños y cualquier elemento cortante están prohibidos en el cabina, aunque suelen permitirse en el equipaje despachado.
  • Acceso a la cabina de pilotos: las puertas se reforzaron y los pasajeros no pueden ingresar durante el vuelo; las tripulaciones reciben entrenamiento específico para neutralizar conflictos a bordo.

Tiempos de anticipación y recomendaciones prácticas

Un dato práctico que muchos pasajeros tienden a subestimar es que los controles más exhaustivos prolongan de manera considerable el tiempo de paso por la zona de seguridad. Para vuelos internacionales, la recomendación general de las líneas aéreas y de los organismos de control consiste en presentarse en el aeropuerto con al menos tres horas de anticipación, en tanto que para vuelos domésticos se sugieren dos horas, y en temporada alta o en aeropuertos con obras en marcha conviene adicionar un margen adicional. Llevar la documentación digital y física ordenada, tener la bolsa de líquidos preparada y el dispositivo electrónico accesible, y evitar el exceso de equipaje de mano son algunas de las claves que, en la experiencia del cronista, marcan la diferencia entre un embarque tranquilo y una carrera de último momento por el pasillo de la terminal. En la Argentina, la empresa de bandera dispone, en la mayoría de sus hubs, de controles sanitarios y de seguridad diferenciados para pasajeros con conexión internacional, por lo que informarse en el mostrador de la compañía antes de iniciar el trámite puede ahorrar tiempos y contratiempos al pasajero que regresa al país.

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Micaela LlampaTurismo y ambiente

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